CERCA DEL CIELO
A más de 5500 metros sobre el nivel del mar, el cráter Corona del Inca contiene un lago de aguas color azul zafiro de 2 kilómetros de largo por 1 de ancho. Una. expedición de máxima dificultad por la cordillera riojana, sorteando encrucijadas de piedras y ríos de arena volcánica.
Es la medianoche, y una quietud de piedra reina en la desolada calle principal de Alto Jague, el último poblado que se atraviesa antes de ingresar a la inmensidad de la cordillera. Sin embargo algo extraño esta sucediendo en el destacamento de Guardafaunas. Desde allí, brota el ruido de motores encendidos y de los preparativos para iniciar nuestro viaje al cráter Corona del Inca.
Realizar esta expedición es el anhelo de todo apasionado del turismo de aventura. Y para cumplir esta meta es necesario tener en cuenta cada detalle: neumáticos y motores puestos a prueba, handys en frecuencia, cámaras de oxígeno preparadas y, sobretodo, el cuerpo y el espíritu dispuestos a trepar a más de 5500 metros de altura sobre el nivel del mar.
El cráter es la cima de una antigua montaña que, por una actividad volcánica se ha desplomado sobre si misma formando este "hueco" de 5 kilómetros de diámetro. La expulsión de ceniza, y otras formas de materias expelidas crearon una especie de anillo donde el agua del deshielo de los penitentes que rodean la cima se depositó en el centro, formando una laguna de aguas color azul profundo de 2 kilómetros del largo por 1 de ancho y 350 metros de profundidad.
El cráter esta ubicado al oeste de la provincia, a 520 kilómetros de la capital riojana, y la expedición se puede realizar desde el pueblo de Alto Jague. La excursión es un extenuante viaje través de un campo traviesa con arena volcánica que dura no menos de 7 horas.
EL CAMINO
Tan deslumbrante como la meta final de este viaje, es el camino que conduce hacia ella. Nos dirigimos por la Ruta provincial 26 -que atraviesa la cordillera, -hacia el paso internacional Pircas Negras. Dejando atrás el pueblo de Alto Jague, el camino se extiende por la reserva provincial Laguna Brava. A partir de ahora ascendemos por las suaves lomadas de la quebrada Santo Domingo hasta llegar a la "Quebrada del Peñón". Detrás de la ventanilla desfilan unas enormes piedras de forma irregular que el sol del amanecer pinta de dorado. Estamos bordeando una gran montaña de rocas salientes, y por su cercanía pareciera que en cualquier momento alguna piedra se va a caer sobre el techo de nuestro vehículo.
A la orilla de la ruta vemos una curiosa construcción circular de paredes de piedra y argamasa (mezcla de cal y tierra) de 5 metros de diámetro por 3,50 de altura. Su arquitectura -similar a la de un iglú- termina en una cupula con una pequeña abertura en la parte superior. Se trata de uno de los trece refugios de la zona construidos entre 1864 y 1873 para albergar a los arrieros que conducían ganado a Chile durante la guerra de ese país contra Perú y Bolivia, por los desiertos de Atacama y Tarapacá.
Al final de la quebrada abandonamos la ruta y nos internamos a baja velocidad por una huella de ripio, sobre las lomadas de arena hasta la Laguna Brava. Allí, un viento helado sacude sin pausa a la escasa vegetación, compuesta por algunos molles y coirones secos de color dorado. A la orilla de la playa un centenar de flamencos rosados levantan vuelo al unísono, y dan como resultado un paisaje de belleza tal, que si el viaje terminara aquí ya todo visitante se daría por hecho.
EL ASCENSO
El viaje continúa sin mucha dificultad por una suave pendiente hasta llegar a la Pampa del Veladero, y a esta altura, estamos sumergidos en un valle desértico donde no se ve ninguna forma de vida aparente. Pero a la derecha del camino aparece de repente la postal más asombrosa de este viaje: en una extensa ladera se levantan millares de penitentes, unos filosos montículos de hielo que a pesar del calor del verano mantienen su forma puntiaguda.
A partir de ahora comienza la ascensión más exigente. De repente el único lugar para seguir avanzando es el lecho del río Veladero que desciende con poco caudal. La huella por donde transitamos sube encajonada entre dos paredes de roca, y debemos franquear el río en tres o cuatro oportunidades hasta llegar a la orilla mas pareja. De repente desembocamos en un amplio lecho de arena húmeda que dificulta el avance de las 4x4, y cada tanto hay que dejar el vehículo propio para empujar algún otro.
Más adelante abandonamos el río para hacer un desvío de unos 500 metros hacia el noroeste y tras la ventanilla vemos la cima de un gigantesco cordón montañoso que prácticamente nos encierra a los cuatro costados. Al girar la vista, los cerros Veladero y Bonete -dos gigantes que rondan los 6500 metros de altura-- acechan el valle que transitamos, y varios grupos de penitentes aparecen de manera espaciada semejando las lápidas blancas de un extraño cementerio. Continuamos el viaje y la cumbre nevada del cerro piscis se nos presenta de frente, con sus 6882 metros -que lo convierten en el segundo pico más alto de América- eclipsa con facilidad a sus vecinos.
AL CRATER
El camino continúa por unas lomadas de arena, y cuando miramos el GPS, nos sorprende la altura. Estamos, casi sin darnos cuenta, a 5.500 metros sobre el nivel del mar.
En un giro de 360 grados descubrimos la cumbre de Corona del Inca. Las camionetas trepan con dificultad el filo de la montaña, y de repente aparece encendido resplandor de los glaciares que encierran un cráter rodeado de picos y montañas de un promedio de 6500 metros de altura. La noción de las proporciones -totalmente inhumanas-se pierde de inmediato en medio de la vastedad.
Estas lomadas que acabamos de transitar rodean, como una corona de hielo, un lago de aguas azules que burbujean sin explicación aparente. Su transparencia perfecta y la blancura unánime de la nieve que cubre las montañas, crean un mundo que destila una aura límpida y virginal. La primera imagen produce un inquietante asombro; un flash de belleza absoluta que se desvanece al instante.
Llegar a la cima del cráter Corona del Inca es ingresar aun universo de colores donde cubiertas por kilométricas planicies de ceniza negra, coladas de basalto y túneles de lava desplomados, constituyen un verdadero tesoro geológico.
Al bajar de la camioneta, el desafío inicial es descender a pié unos dos kilómetros metros hasta la orilla de la laguna. A simple vista, el lago semeja la confluencia del agua del deshielo de los penitentes que rodean la cima de la montaña, acumulándose en la parte central del cráter. Su profundidad es de 350 metros y no hay ninguna forma de vida aparente debido a la baja temperatura de sus aguas.
La vastedad del cráter nos hace perder otra vez la noción de las proporciones. La laguna parece cercana, pero la caminata sobre la arena nos lleva más de una hora. Finalmente llegamos al centro de la caldera, junto a la laguna, al pie del cerro piscis. Ahora sí; estamos parados frente uno de los paisajes más hermosos y extraños de nuestro país, en el centro de una descomunal caldera con forma de anfiteatro. La sensación es la de haber llegado al núcleo mismo de un infierno extinguido, donde por contraste reina la paz más absoluta del universo.
DATOS UTILES
Como Llegar: Para realizar esta expedición es necesario contar con el apoyo especializado de las empresas riojanas que brindan el mejor equipamiento y servicios tales como asistencia logística, provisión de oxígeno, alimentación de alta montaña, traslados en vehículos 4 x 4, Guías y orientación con GPS, comunicación ínter-vehicular con handies y equipamiento de rescate, sin olvidar que la travesía solo puede realizarse en los meses que van de octubre a abril. El éxito de la expedición dependerá de las condiciones climáticas del día, el estado general de las personas y de los vehículos; dada las condiciones de dureza de la misma, no es recomendable para menores de 12 años ni para personas de edad avanzada o salud delicada. Se requiere óptimo estado físico y aptitud para la altura.
Es obligatorio notificarse en el Cuerpo de Guardaparques de Laguna Brava antes de emprender el viaje. La mejor época para llegar al lago es desde el mes de noviembre y hasta el mes de abril.