Museos de la ciudad

LOS LUGARES DE LA HISTORIA
 

Uno de los atractivos menos conocidos de La Rioja Capital es su variada oferta de museos. Rincones que testimonian la historia de la ciudad y la provincia desde diferentes ángulos y que merecen una visita, no sólo por parte de los turistas, sino también de los mismos riojanos.

Existen formas y formas de contar la historia. Desde el relato guitarra en mano y fogón al frente hasta la presencia cuasi fantasmagórica del pasado en los lugares que lo presenciaron. También están los museos, que combinan el acto testimonial privativo de los objetos y los protagonistas con la reinterpretación que el conocimiento actual puede dar. Y la capital riojana tiene varios museos para que cuenten su ayer.

Abundante como sus riquezas, la oferta de museos de La Rioja se extiende a lo largo de un abanico temático que va desde la vida urbana hasta la arqueología, pasando por las artes, las creencias y los habitantes de la antigüedad. Una visita quizás poco conocida, pero merecedora del mote de obligatoria.

Un comienzo caprichoso de la recorrida nos lleva a la antigua casa colonial de Pelagio Luna al 200. Allí, desde mayo de 1992, el Museo de la Ciudad se alza como el arcón de los recuerdos de todos los riojanos, a partir del aporte de los propios habitantes y sus objetos.

La primera impresión es la de estar visitando a algún pariente anciano, de esos que aprovechan cualquier oportunidad para sacar a relucir un álbum de fotos amarillas por el tiempo. Claro que la visión del entorno nos traslada más de lleno al pasado: a nuestro alrededor, ni bien se ingresa a la primera habitación, el mobiliario de la antigua confitería La Opera -con su barra, su caja registradora y sus mesas y sillas- termina de confundir la noción de tiempo.

El viaje por este túnel del tiempo sigue con planos, bosquejos y maquetas de obras públicas, vestimentas antiguas, postales y un sinnúmero de artilugios que gente común se acercó a donar en un intento de preservarlos del olvido. Pero, sin lugar a duda alguna, la estrella de la muestra es el salón donde se exhiben objetos pertenecientes a los primeros comercios y almacenes de la capital. Allí, junto con decenas de carteles publicitarios de bebidas que testimonian los cambios culturales paralelos al transcurrir del calendario, marca su estampa la sonrisa permanente del gordito de frac que adornaba el Palacio de los Trajes.

Parecida es la intención, aunque distinto el camino por el que a ella llega, del Museo Fallabrino. Aquí la iniciativa privada de un coleccionista -Reiniero Fallabrino- abrió la posibilidad a toda la comunidad de disfrutar de una mirada al pasado a través de todo tipo de objetos de uso cotidiano. La compleja personalidad de Fallabrino -poeta, arquéologo, docente, artista e investigador- se dedicó a acuular morteros, yugos, estribos, telares, tizadores, medallas, mates, faroles, candados, llaves, ollas, planchas y hasta candados en todo tiepo de metales. También los muebles tienen su lugar, apilados sobre ellos los fonógrafos y los lazos descansando sobre los baúles.

Pero quizás lo más curioso de la ecléctica colección del predio de la avenida Ramírez de Velazco en el kilómetro 5 y medio sea un aerolito terroso caído del cielo, que junto a las obras de arte de quien le da nombre a la muestra abre la conciencia hacia mundos donde lo terrenal y lo cósmico van de la mano.

CULTURAS ENCONTRADAS

 

Una mirada diferente al pasado, en este caso de toda la región, es la que brinda el Museo Arqueológico Inca Huasi. Con sus más de 8.000 piezas clasificadas de acuerdo a la cultura a la que pertenecieron, las salas de este museo dan testimonio de la presencia de las culturas Diaguita, Belén, Condorhuasi, Aguada y Santa María, a través de piezas de cerámica, piedra y metal.

Quien visite el edificio de la calle Alberdi 650 no puede dejar de contemplar su pieza más admirada, la vuyuna (contrapeso del huso del hilar) con escrituras jeroglíficas que se cuentan entre las más antiguas del mundo, datadas entre 2.400 y 2.500 años antes de Cristo. O bien hacer un silencio respetuoso frente a la urna funeraria de la cultura Aguada, algo más "joven" -es del siglo VI-, pero no por ello menos cargada de valor histórico.

La vida de los más antiguos moradores de La Rioja sigue relatándose en los patios, a través de los morteros y algún que otro maraí con los que preparaban sus alimentos, en los amuletos diaguitas asociados al amor y en las piezas de metal de las distintas culturas.

Otro espacio hace su relato desde un hecho trascendente en la construcción de la identidad riojana, como lo fue la llegada de los conquistadores. De la mano de la espada llegó la cruz, y a partir de su culto un abundante tesoro que habla de la magnitud de un cambio cultural con gran impacto en la historia provincial y que se puede admirar en el Museo de Arte Sacro..

Como un pequeño acto de homenaje, numerosas personas fueron haciendo crecer la exhibición original montada por el padre Nardillo en Vichigasta y, merced a este aporte de objetos nació el museo. Aquí, en Pelagio Luna 792, la voz cantante la tienen íconos, misales, biblias del siglo XVIII, ornamentos de culto, atuendos bordados en oro y plata, copones, cálices, sorprendentes pinturas venidas desde Cuzco y objetos de considerable tamaño, como el púlpito de la antigua Catedral.

Este edificio tiene una pequeña "yapa": aquí también funciona el Museo del Traje, donde el devenir de la historia se narra a través de la vestimenta. Y, como ya parece ser costumbre, la gente común tuvo mucho que ver con la consolidación de esta muestra. Por ejemplo, la vieja Casa Micheli donó cientos de pares de zapatos y publicidades de época que sirven para orientarse en el tiempo. Familias tradicionales -y no tanto- hicieron el resto, acercando trajes, collares, guantes, carteras, abanicos, vestidos de fiesta, ropa de trabajo, uniformes, fracs y galeras.

Basta con caminar unos pocos metros para que el pasado nos aborde desde otro ángulo. El 811 de Pelagio Luna alberga el Museo Folklórico. Inaugurado en 1969 en lo que fuera la antigua casa de los Moreira, este espacio propone seis salas sobre distintos aspectos del folklore riojano. La mitología, a través de deidades indígenas como la Pachamama, la Yacurmana y Huayra, impone respeto en la primera de ellas; para luego dar paso a la Capilla, donde la religión autóctona abre paso a las creencias adquiridas.

Mucho más prosaico es el contenido de la exhibición de la cocina, dedicada a la gastronomía criolla y sus utensilios; mientras que el dormitorio es el ámbito para contemplar el tejido como una de las artesanías cotidianas en la provincia. Por su parte, la bodega pone a la vista la vida del hombre rural, con los elementos que lo acompañan en la elaboración de aguardientes, grapas y vinos. Para finalizar, la sala de platería presenta una extensa colección de objetos realizados con el metal precioso, tales como mates, jarros, facones, bandejas y frenos.

DE LAS ARTES Y DE LAS LEYES

 

Otros dos ámbitos de la cultura capitalina se centran en aspectos totalmente distintos. El museo Octavio de la Colina, por un lado, es un espacio dedicado a las artes plásticas; mientras que la Casa de Joaquín V. González evoca al hombre público y escritor.

El primero -que lleva el nombre del llamado patriarca de los artistas plásticos riojanos- queda en el Pasaje Diaguita 75. En él se exponen esculturas en yeso, madera, metal y bajorrelieves de diversas técnicas, junto con obras pictóricas en gran parte locales, pero también nacionales e internacionales.

La Casa de Joaquín V. González queda en Rivadavia 952, y es la vivienda adquirida por el político y escritor allá por 1891, que habitara durante su gobernación. Este pequeño castillo de ladrillos a la vista, con torretas almenadas y ventanas góticas cuenta en cada uno de sus rincones la vida del notable hombre que vivió en estas tierras, y entre sus paredes escribió el celebrado "Mis Montañas". Quizás, en el zaguán ornamentado de estilo renacentista, cuyos coloridos estucos y armaduras de gran tamaño sorpenden aun en estos días.

BICHOS IMPONENTES

 

Claro que no podía faltar, en este periplo por el pasado riojano, una referencia a los dinosaurios. Estos habitantes del pasado, que atraen a muchos curiosos por la provincia, tienen su espacio exclusivo en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Rioja. Allí, en el cruce de Laprida con Vicente Bustos, se cobijan los fósiles del Riojasaurus Incertus, uno de los animales más antiguos del mundo, habitante de lo que hoy es el Parque Nacional Talampaya.

Este cuadrúpedo herbívoro de cráneo articulado y "apenas" 200 millones de años de antigüedad, convive en las salas del museo con el temible Zupaysaurus, que habitó hace 220 millones de años, metiendo miedo con las dos crestas de su nariz; y la mucho más pacífica Paleochersys Talampayensis, la tortuga más antigua de su especie en toda América del Sur.

Adem¿ás de estos "tesoros", presentes en la sección de Paleontología, el museo presenta otra rama de las Ciencias Naturales, tal como es la Arqueología. En este caso, la exhibición se plantea como un recorrido desde los orígenes de la humanidad, en el continente africano, hasta el inicio del asentamiento humano en América.

Así, en tiempos en los que se impone la tiranía de lo inmediato, La Rioja Capital propone un encuentro tranquilo con su pasado. Ante la diversidad de voces, capaces de captar cualquier interés, no hay excusa válida para dejar de darse una vuelta por los museos de la ciudad.

DIRECCIONES Y HORARIOS

 

Museo de la Ciudad: Pelagio B. Luna 250. Abierto de 9 a 12 y de 16 a 20 horas.

Museo Inca Huasi: Alberdi 650. De martes a sábados de 9 a 12.

Museo Octavio de la Colina: Pasaje Diaguita 75. De jueves a lunes de 8 a 13 y de 15 a 21.

Museo Folklórico: Pelagio B. Luna 811. Jueves, viernes y sábados de 9 a 13 y de 16 a 20; domingos de 9 a 12.

Museo de Arte Sacro / Museo del Traje: Pelagio B. Luna 792. Jueves y viernes de 9 a 13 y de 16 a 20; sábados y domingos de 9 a 12. - ver fotos

Casa de Joaquín V. González: Rivadavia 952 - ir a web

Museo Privado Fallabrino: Av. Ramírez de Velazco Km. 5 ½. Sábados de 14 a 19.

Museo de Ciencias Naturales: Universidad Nacional de La Rioja, Av. Laprida y Vicente Bustos. Lunes a viernes de 9 a 12 y de 18 a 20 (cierra en enero).

 

 

En la Rioja
En la  Secretaria de Turismo de la provincia, Av. Ortiz de Ocampo y Av. Felix de la Colina

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En Buenos Aires
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